Escrito por Fernanda Donoso en el diario La Nación el 9 de diciembre de 2009:
“UN IMBÉCIL LEYENDO a Nietzsche” se lee como se leen los libros de Gonzalo León: sabiendo que el tipo nos hará saltar más de una vez del asiento, y los motivos serán de lo más variados: por su falta de pretensiones literarias al uso -jamás quiere escribir “bien”-; por su manera de seguir a Bukowski sin dejarse notar por Bukowski; o por su modo de ir calibrando una bomba a punto de estallar, al final de este conjunto de relatos.
Empieza, León, por la madre, o por su madre, cómo saberlo, y allí hay una declaración generacional, una serie de asuntos pendientes mezclados con el amor, elemental Watson, a la madre, casi un ejercicio de escritura convencional, al lado de lo que vendrá después.
Donde habrá que reírse es en “Un artista hétero”: el tal artista vive en un mundo donde lo gay y lo lesbiano es la norma. Él se impone como el que habla desde su diferencia, desde su heterosexualidad. Le toman el pelo con esto de etéreo y hétero, lo discriminan. “Para los demás, más que pintor era un artista, debido a su inconsistencia”. Fuera del circuito habitual de los expositores de temporada, C era un anticuado que además pintaba a mano (mientras todo el mundo exponía proyectando sus instalaciones audiovisuales sobre los muros). Según los curadores, C habla desde lenguajes en extinción. Cosa que es extinguirse un poco.
“Los periodistas, casi todos homosexuales -escribe León-, se fijaban en los arqueólogos, que en esta época eran todos transexuales y que a su vez no despegaban su vista de los artistas, y los artistas observaban a las abogadas-economistas para ver quién era la pareja de C, y bueno, las abogadas-economistas babeaban por él”. De hecho, competían por llevárselo a sus lofts.
Mientras el hétero declara públicamente que “pintar es afirmar la heterosexualidad, una opción añeja, lo sé, anticuada, si se quiere, como la vida misma”, en “Un artista hétero”, el chiste funciona. Y no funciona siempre, porque León está más que dispuesto a irritarnos un poco, aunque no todas las veces lo consiga.
La mezcla-León en este caso -esa mezcla fuertona que siempre incluye de algún modo a una madre o a su madre- avanza desde la portada muy chic hasta narraciones donde el tiempo se bifurca: “Al salir de la tienda ocurrió algo extraño, como de cuento: el paisaje había extraviado y ya no era la ciudad en la que se habían extraviado, sino otra, más específicamente su ciudad de origen, antes de partir de vacaciones”.
UN IMBÉCIL LEYENDO A NIETZSCHE
Gonzalo León
Libros La Calabaza del Diablo
Santiago, Chile, 2009
108 páginas
martes, 8 de diciembre de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario