martes, 22 de diciembre de 2009

Cómo destruir la modernidad chilena

Escrito por Luchalibro.cl en diciembre de 2009 y leída en Radio Uno por Juan Carlos Ramírez:

Al principio parece una novela. “Fragmentos de una madre”, “Fuera del tiempo” y “Calas en el purgatorio” parten de una situación terminal. La muerte y la inocente mirada de un niño. Sobretodo el tercero, con ese ambiente irreal de un hospital donde la fantasmagórica anciana repite lo que su hijo le decía “mamá, se da cuenta de que Chile ya no es Chile, sino otro país o una ficción de país, y a esa ficción nosotros, los muy pendejos, llamamos modernidad”. Recién ahí nos damos cuenta de que es una colección de cuentos, donde la muerte deja paso a la infancia. Una niñez patética, con compañeros molestando o padrastros toqueteando a sus sobrinos (y estos confundiendo esa sensación con la seguridad que los padres no dan). Después pasamos hacia el esperpento (”Gordas”) con dos tipas que enseñan los secretos del adelgazamiento aprendidos en Buenos Aires. O esa especie de Benjamin Button que es “La vida de Carlos Tromben y otros cuentos”, donde el protagonista empieza a hacerse niño para escapar de su futuro. También hay un Chile apocalíptico e hiperventilado (”Los torturadores”), predicadores callejeros que no saben pronunciar “primogénito” (”Inigérito”) o artistas que fingen su homosexualidad (”Un artista hétero”) para no ser disciminados Todo a alta velocidad, máximo cinco carillas y pasamos al siguiente relato. Esta corte de los milagros que es efectivamente el Chile bicentenario, llega a una explosión con “Tarado”, donde un par de pobres escritores deciden boicotear un lanzamiento de un afamado escritor. Uno se llama Retrasado y asegura que “la literatura es un malentendido”. El otro era Tarado, que creía que la literatura nacional era una mierda y por eso en cuanto podía comía cada: quería integrarse a la industria cultural. Pero ambos planean hacer estallar el coctel de lanzamiento. Es ahí, con esa reunión del mundillo literario, donde los que se odian se saludan afectuosamente, para pelarse más tarde, donde las críticas son hechas con saña (o sin leerse el libro), donde importa la cantidad de contactos que la emoción que puede provocar un montón de palabras juntas, ahí nos damos cuenta de todo: lo pasamos bien leyendo a Gonzalo León. Y aunque por lo visto en la blogósfera, no es una opinión muy popular: sus textos si tienen algo que decir. Algo raro en esta ciudad letrada llamada Santiago.

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