jueves, 26 de noviembre de 2009

Vidas en picada

Escrito por Patricia Espinosa en Las Últimas Noticia el 27 de noviembre de 2009

Aunque cada tanto el humor negro salpica estas historias, no logra aquietar el dolor, la tristeza, la presencia continua de la muerte y, por supuesto, la derrota. Un imbécil leyendo a Nietzsche, de Gonzalo León, es un conjunto de dieciséis cuentos que redundan en continuos procesos de pérdidas que, pese a todo, no logran destruir los sujetos que las viven.
En un formato similar al de notas en torno al pasado, emergen los pequeños y grandes efectos, las rutinas caseras, las enfermedades, los rituales de iniciación en la infancia y la adolescencia. El primer momento del libro, conformado por los cinco mejores cuentos del volumen, nos presenta a un personaje profundamente dolido pero siempre dispuesto a mantenerse en pie: “Me duele todo. Pero no importa, como solía decir mi madre, hay que seguir”. ¿Seguir hacia dónde? Es en este punto donde el volumen instala una solapada reflexión filosófica sobre el dolor, cuya presencia constante no logra arrebatar el sentido a una existencia golpeada. Así, por más despiadada que pueda resultar la vida diaria, por más socavado que resulte el individuo, sólo le queda sobrevivir a como dé lugar.
Perder, fracasar, ir en picada hacia un lugar indeterminado es algo que se mantiene como constante en una suerte de segundo segmento del libro, compuesto por once historias que han renunciado al estilo confesional, conservando en la mira las vidas mínimas y privilegiando ahora la crítica al orden social mediante la ironía. Emergen acá escenas absurdas, donde el fracaso adquiere un sello diferente. Estamos ante situaciones que se mueven entre lo abyecto y lo grotesco, entre el desarraigo como proyecto vital y la necesidad culposa, convertida en obsesión de pertenencia. Esta narrativa parece negarse a manifestar con exactitud qué busca cada personaje; este aspecto resulta tan relevante como la eliminación de cualquier tono y tópico grandilocuente.
Los mejores momentos narrativos de León son aquellos en los que abandona la ironía y explora en lo emotivo –para resultar sentimental sin empacho alguno– o en la dureza de lo cotidiano sin caer en el cliché del escritor con mirada y palabra maldita. Un imbécil leyendo a Nietzsche es un libro que logra configurar atmósferas decadentes, mediante historias que resultan como receptáculos de la miseria, la ruina y la sobrevivencia. Los desamparados, expulsados o autoexcluidos, parecen tatuados por un mal que no cederá jamás. La vida, para cada uno de estos personajes, es un desprendimiento paulatino de todo lo que alguna vez tuvo sentido. Sin embargo, la fatalidad conduce a un estado de relativo sosiego, porque el transcurso del tempo es irreversible y sólo queda cargar, prometeicamente, desde un registro emotivo pero también desde la rabia y el resentimiento, con la memoria y el fracaso.